¡BOOOFAAA!
y los polillas.
Este fin de semana he celebrado mis Bodas de Plata.
25 años desde que me casé.
Pero no con mi mujer.
Con mi profesión.
Hace 25 años que la 83 promoción dejaba Valdemoro para servir a España.
25 años de experiencias.
25 años de alegrías.
De tristezas.
De estrés.
Y de reconocimiento.
Por las bodas de plata hacemos un gran evento en el que nos reunimos. Un evento muy importante para nosotros, los polillas.
Te intentaría explicar que somos, pero no podría hacerlo nunca del todo.
Es un sentimiento.
Una creencia.
Un principio y un fin.
Los polillas somos una raza especial de seres humanos. Un grupo de personas que coincidimos dos años en espacio y tiempo, alimentando nuestra alma de los valores que nos han acompañado estos 25 años.
Honor.
Lealtad.
Valor.
Respeto.
Y ayuda a los demás
En nuestra armadura se impregnó a fuego.
Esos valores son el material con el que se confeccionó nuestra espada y el servicio a los demás la herramienta en el que se ahormó nuestro escudo.
Hace 25 años coincidimos un grupo de chavales, la mayoría imberbes, que llevaban al lomo de una espalda dócil, una mochila llena de sueños.
Algunos, además, llevaban en esa mochila los sueños de sus padres. Y de sus abuelos.
Unos pudieron hacer suyos esos sueños y otros no lo lograron o prefirieron quitarse la mochila.
Y por desgracia, algunos se quitaron algo más que la mochila o se la dejaron por el camino.
Este fin de semana nos hemos reunido.
Hemos reído.
Y hemos llorado. Y mucho.
Por volver a vivir las sensaciones en ese patio de armas y abrazar a los que hacía cinco lustros que no veíamos.
Y por los hermanos polillas que no pudieron venir, pero están y por aquellos que les hubiera encantado venir, pero ya no están.
Va por ellos.
Allá donde estén.
Siempre polillas.
¡83 PROMOCIÓN, ROMPAN FILAS!
¡¡¡¡BOOOFAAAA!!!



